Desde que decidí emigrar, me puse en modo “empezar de cero”. Y con todo con el que hablaba repetía lo mismo: es que para emigrar, hay que estar claro de que llegas a ser uno más, que ahí nadie te conoce, que no saben cómo trabajas, que prefieren a los suyos. Para emigrar hay que guerrear y guapear. Hay que estar dispuesto a todo. Hay que saber que vamos a ponernos tristes, que vamos a extrañar, pero que no nos podemos dejar caer”. Me lo dije –y lo dije- mil veces.
Entonces comencé a estudiar mi máster -que le está costando los ahorros a mi papá-. Comencé a depender de nuevo de un dinero que no me sudé yo. Comencé a sentir culpa por ello, pero esta vez duele más en la espalda porque la edad tiene sobrepeso. Y cada cosita a comprar me la pienso 8 veces, porque ¿quién necesita queso si todavía te queda jamón? Y porque llegó el verano y ¿será realmente necesario despilfarrar 20 euros en un ventilador? Pero eso, junto con las nostalgias, pasa a un segundo plano. Porque tienes la oportunidad que muchos no, porque además de que mi papá se gasta los ahorros en mí, tengo los papeles como para que no me tengan que pagar en negro en un futuro. Y agradeces, y respiras profundo…y guapeas.
Y luego busqué trabajo de medio tiempo y nadie me llamó. Pasó el tiempo, así que decidí quedarme tranquila porque tenía que hacer las pasantías del máster. ¡Sorpresa! te seleccionaron para unas en un lugar increíble. Llegué el primer día con esa emoción y me dije “vamos, que para esto viniste. No necesitabas tanto ese trabajo de medio tiempo porque ya todo comienza a repuntar. Estás en lo tuyo”.
Y es aquí cuando vives lo que era el “comenzar de cero”. Porque nadie se leyó tu currículo para asignarte el programa. Pero lo dejas pasar porque ese te sonaba bien. Llegas, y el siguiente jefe tampoco se lo leyó... y guapeas, y respiras, y comprendes que el sistema acá es así. Que quien llega de becario es porque no ha trabajado.
Esperas un poco a que te den labores y te das cuenta que lo que te asignan ya lo sabes. Entonces, ahí es que lo entiendes: “empezar de cero” es también poner la mente en cero, desaprender un poco para no frustrarse. “Empezar de cero” es poner la barra de la paciencia en -1000 para poder respirar profundo cuando te tratan de explicar algo que ya has hecho 5165416541 veces para no sonar soberbio diciendo “ya sé”, y ver cómo todavía nadie lee tu CV. Y tratas de hablar de cierta forma, decir ciertas cosas, algo que les dé una pista de que sí tienes idea de lo que haces, que te pueden retar más. Que sí, te graduaste hace un año, pero trabajas desde hace cinco. Que no sólo has hecho pasantías (Si tan solo se leyeran el bendito CV). Que no es necesario que te entrenen desde el punto 1, sino que esperas con ansias la cantidad de trabajo que no has tenido en meses. Que quieres que te incluyan en las reuniones, que escuchen lo que tienes para decir porque les podría servir. No me puedo imaginar cómo se siente esto para alguien mucho mayor y más experimentado que yo.
Ahora es que comienza este joropo. El reto no fue irme, dejar a mi familia, estar separada de mi novio, no tener dinero. Eso lo han hecho y lo harán miles. El reto es la paciencia, la entereza. El reto es buscar la forma de hacerles saber a ellos que tú vales, que tú sí sabes. El reto es meterte por debajito para que te den trabajo y que este pueda hablar por ti. El reto es resetearte y dejar a un lado el orgullo, sin olvidar lo aprendido, sin dejarte pisar, recordando que vales (porque sólo así, ellos lo harán). El reto no está en "comenzar de cero", el resto es entender y asumir lo que eso significa. Porque se me hizo muy fácil decirlo antes de venirme pero, de la boca para afuera, todo es muy simple. El reto es posicionarte en el medio, es el equilibrio justo para no irte al negativo, sino avanzar a los positivos. La Y la X que confluyen en el mismo lugar: en el 0.