miércoles, 7 de enero de 2015

Los días oscuros de una pasión

Abrí blog hace unos meses para superar mi miedo a palpar por escrito lo que pienso porque siempre he sentido que hablo mejor de lo que escribo. Siempre he amado leer lo que otros hacen y, lo mío, decirlo. Me daba miedo no estar a la altura de las tantas cosas maravillosas que he leído porque, claramente, no lo estoy. Pero todo es parte del respeto que le tengo a lo que decidí ser: periodista.

El periodismo, de las muchas formas en que se hace, me enamora todos los días. Algunas veces se siente platónico -me pasa con el diarismo- y otras veces se siente como una eterna conquista: la radio y la televisión. Pero, en definitiva, la labor periodística es de lo más hermoso que se cruza todos los días en mi camino. Así sea de espectadora.

No me han publicado un artículo. No he trabajado en un periódico. No he escrito un reportaje político. Mi experiencia en medios ha sido a través del humor. La crítica a través de la comedia es uno de los retos más grandes con los que me he topado, especialmente cuando te dicen que no puede ser directo. Aprendí a hacer humor como un ley motive cuando siempre quise que fuera un humor sincero, directo, punzante... como el que se hace en Charlie Hebdo.

Son los días como hoy los que me hacen perder el miedo a escribir, a decir, a gritar. Son los días así, como este en el que asesinaron a 4 comunicadores, en los que me convenzo que el periodismo será siempre el mejor oficio porque no hay nada más gratificante que poder llegarle a las masas con la verdad bajo la bandera de la libertad. La libertad de escribir, de decir, de gritar, DE REÍR.

El amor duele. Ergo, el periodismo, a los que lo amamos, nos duele muchas veces. La libertad de expresión, uno de los pilares de esta profesión, ve días muy negros en este país, sufrimos más que en muchos otros lugares porque, además, no tenemos derecho a protestar, compraron unos medios y nos cerraron los demás. Pero no estamos solos. La intolerancia, el extremismo, el totalitarismo, el poder, el dinero; estos tipos de cáncer se asoman en todos los rincones del mundo. Hoy fue en París.

Los talentosos caricaturistas de Charlie Hebdo, que dieron pelea contra el terrorismo, murieron bajo su veneno pero no bajo su yugo. Morir bajo su yugo habría sido dejar de hacer su trabajo y jamás lo hicieron. Así es como les rindo tributo y pago mis respetos hacia ellos y hacia los que día a día luchan contra los cánceres que atacan a esta profesión. Ustedes hacen nuestro mundo mejor. Su valentía me abruma, me desmorona y me hace cuestionarme. No sé si alguna vez tenga el valor para convertirme en lo que ustedes son, pero prometo siempre respetar esta profesión como para nunca hacer algo que la desvirtúe.

Estos son los días negros de mi pasión. Los días en que golpearon a mi gran amor. Pero el amor se defiende, así que, desde mi pequeño espacio, tomé mi mejor arma y lo hice.




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